Vacaciones en Venecia en tiempos de virus corona

A principio de julio de 2020 tomé un avión desde Países Bajos hasta Italia con mi novio. Pasamos algunos días en Verona primero, y luego nos subimos a un tren hacia Venecia. Fue justo en el período postpandemia, por lo que todo el viaje tuvo cierto halo de incertidumbre y ansiedad. Además de dar como resultado fotos en las que los barbijos son protagonistas. Pero a fin de cuentas, puedo decir que todo salió bien y definitivamente valió la pena animarse.

Venecia era el punto alto de las vacaciones, pero los vuelos hacia ese destino eran particularmente caros en las fechas en las que podíamos viajar. Así que ampliamos la búsqueda mediante Skyscanner, y encontramos una buena oferta de pasajes a Verona. Desde Verona eran solamente dos horas en tren, a un precio económico. Los trenes italianos son de primera categoría: cómodos, rápidos, puntuales, limpios y accesibles. Entre conversación, contemplación de paisaje y música con auriculares, el viaje se pasó volando.

Venecia desde un puente, al atardecer.

Al momento de subirme a tren, yo ya estaba maravillada por Verona, y entusiasmada por lo que aun quedaba para explorar. Justo antes de llegar, pasamos por un puente sobre el agua que conectaba con el archipiélago. Eran cerca de las cuatro de la tarde, y el sol aún brillaba alto en el cielo despejado. Salimos de la estación Santa Lucía, y nos dirigimos a una parada de bus acuático llamado Vaporetto. Cada viaje en ese bote costaba 7,50 euros. Relativamente caro para ser un transporte público. Luego de aproximadamente media hora, llegamos a la zona de San Marco, donde quedaba nuestro hotel. Más tarde descubriríamos que no llevaría mucho más tiempo recorrer esa misma distancia a pie.

San Marco es la zona más turística. El hotel quedaba a pasos del Puente Rialto, que es uno de los puntos más fotografiados. El mismo día que llegamos hicimos un walking tour (o visita guiada a pie) de comida callejera, en el que la guía nos llevaba por todos los puntos más interesantes de la ciudad, haciendo paradas en las mejores tiendas de comida al paso. Era un recorrido grupal, pero al haber viajado en una época tan particular, terminó siendo un tour privado. Visitamos el sitio en el que se cree que vivió Marco Polo, también la terraza del Fontaco dei Tedeschi (un edificio histórico que actualmente funciona como centro comercial), degustamos cicchetti en la Cantina do Mori, que es la cantina más antigua de Venecia, inspeccionamos el mercado (que para esa hora ya estaba cerrado), hicimos una parada en una tienda que se dedica a hacer las clásicas fusiones entre comida de mar y polenta, una panadería y, como es de esperar, saboreamos un delicioso cono de helado. El tour a piel duró aproximadamente dos horas, y cubrió gran parte de la ciudad, pero no su totalidad.

No fue hasta el segundo día que caminamos hasta el otro extremo de la isla. Cuando llegué a la Plaza de San Marco y vi la Basílica me quedé sin palabras. Fue una experiencia transformadora: era la basílica más bella que jamás había visto. Al costado estaba la Torre del Reloj y, en frente, el Palacio Ducal y el Campanario. Ese era un sitio en el que hubiera podido quedarme por horas, solo contemplando la belleza. A los costados había bares muy elegantes con música clásica en vivo: un piano, varios violines e instrumentos de viento. No dudé en sentarme, y nos quedamos allí por horas, mientras yo me dejaba absorber por la atmósfera y su energía. Es en momentos como ese en los que todo el esfuerzo de viajar realmente vale la pena y cobra sentido. Luego de eso, quise entrar al servicio de misa que se estaba llevando a cabo en la basílica, pero no me dejaron entrar por llevar puesto un vestido corto y escotado.

A pocos pasos de la plaza está el famoso Puente de los Suspiros, que es romántico por las razones equivocadas: su nombre se lo debe a los suspiros que daban los criminales al ser transportados del Palacio Ducal a las prisiones o sitios de ejecución. Por lo tanto, era en verdad el Puente de los Lamentos para aquellas personas. Pero resulta que “suspiros” suena más poético y combina mejor con su función actual: importante atractivo turístico y fondo ideal para fotos de Instagram.

El paseo en góndola es otra actividad típica. Sin embargo, la tarifa oficial indica que cuarenta minutos de paseo en góndola cuestan ochenta euros: casi lo mismo que un pasaje en avión de Ámsterdam a Verona. Si ese precio realmente vale o no la pena dependerá del juicio y el bolsillo de visitante. En mi caso, en vez de paseo en góndola hubo cenas en muy buenos lugares, y varios Campari en bares con vista a los canales.

Como Italia había sido epicentro del virus corona hacía unos meses atrás, era necesario llevar barbijo en todos los lugares públicos cerrados. De todas formas, a pesar de haber estado en una época postcrisis, había un número importante de turistas en la ciudad, ¡y provenientes de todas partes del mundo! Es posible que no hubiese podido disfrutar Venecia como es debido, si hubiese habido la cantidad de turistas habitual que recibe el área. De todas formas, definitivamente valió la pena atreverse a viajar en tiempos de pandemia.

En resumen:

IDEAL PARA: ir en pareja.

LUGAR IMPERDIBLE: ¡Plaza San Marcos!

EVITAR: ir en temporada alta, pues la ciudad es bastante pequeña. Además, el último día hizo demasiado calor.

NOTA: llevar calzado cómodo para subir y bajar los infinitos puentes. Además, transportarse a pie es la mejor opción, seguida por el vaporetto; otras formas de transporte no son posibles.

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